Buenos días tía

Riiiinnnngggg riiiinnnngggg… Mi brazo sale de la cama y la mano se mueve torpemente sin reconocer lo que toca, hasta que choca con el teléfono, que no deja de sonar. Descuelgo. Buenos días tía, ¿qué tal el sueño? Arriba, anda, que te espero en la cafetería (tu-tu tu-tu tu-tu…). En unos segundos pasan por mi mente el Castillo de Bran en Transilvania, Timisoara (la ciudad de los parques y los jardines), el impresionante Palacio del Parlamento de Bucarest… la tuica, el queso empanado, la ensalada de tomate, el sarmale… Abro los ojos con el teléfono todavía pegado a la oreja y me doy cuenta de que este viaje no lo he soñado. Cuelgo el auricular y en la mesita veo una tarjeta que lo confirma. Hotel Boulevard. 294 Mamaia Ave. Constanta. Romania. FAX: +241 831533. Me quedo unos segundos tirada en la cama mirando el techo de la habitación con esa sensación extraña de cuando no te sientes en casa. Pero enseguida me levanto y voy hacia la ventana, desde donde se ve la playa. La abro, saco medio cuerpo fuera (hasta casi ponerme de puntillas) y respiro bien hondo con los ojos cerrados. ¡Qué bien huele! Yo diría que huele a libertad; la libertad que te da el conocimiento de otros lugares y otras formas de ver la vida.
Castillo de Bran
Palacio del Parlamento
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